Mi mente no calla - El abuso de poder
Lo vivà dentro de una institución pública, donde comprendÃ
que algunas decisiones que afectan vidas no siempre se toman desde la
capacidad, la ética o el profesionalismo, sino desde criterios personales,
favoritismos o egos sostenidos por un cargo.
Y eso duele.
No porque una persona no obtenga una oportunidad laboral,
sino porque descubrimos que quienes tienen en sus manos responsabilidades
sociales olvidan que dirigir no significa imponer, sino actuar con justicia,
transparencia y responsabilidad humana.
Una institución no deberÃa depender del humor, la
preferencia o la cercanÃa con quien dirige.
DeberÃa sostenerse sobre criterios claros, entrevistas, evaluación de
capacidades y compromiso con el bienestar colectivo.
Cuando el poder se usa sin ética:
se pierde la confianza,
se desmotiva a las personas capaces,
se normaliza la arbitrariedad,
y se lastima silenciosamente la dignidad de quienes creen
en el esfuerzo y el mérito.
Hoy entiendo que el verdadero liderazgo no necesita
recordar constantemente que tiene autoridad.
El verdadero liderazgo inspira respeto a través de la congruencia, la humildad
y la justicia.
Quisiera que muchos directivos recordaran algo esencial:
cada decisión que toman impacta familias, emociones, oportunidades y la
percepción que la sociedad tiene sobre las instituciones.
El poder no deberÃa utilizarse para alimentar el ego.
DeberÃa utilizarse para construir entornos más humanos, profesionales y
transparentes.
Hablar de esto no es rebeldÃa.
Es responsabilidad social.
Porque callar frente a prácticas injustas también permite
que continúen.
Ojalá algún dÃa comprendamos que ocupar un puesto
importante no vuelve grande a una persona.
Lo que verdaderamente la hace grande es la manera en que trata a los demás
cuando tiene poder sobre ellos.
