El galán que perdió hasta los calzones

LEYENDAS DE ZARAGOZA

Don Casimiro y Doña Candelaria

El galán que perdió hasta los calzones



Una historia de amor, desamor y cuentas que no salieron.

Cuentan las malas lenguas que, hace muchos años, en Zaragoza vivía Don Casimiro, un hombre que se sentía más guapo que galán de telenovela. Le encantaban las fiestas, el chupe y, por supuesto, las mujeres.

— ¡A mí ninguna se me resiste! — presumía, acomodándose el sombrero y echándose una mirada en el espejo.

Lo que Casimiro no sabía era que su esposa, Doña Candelaria, tenía mejor memoria que elefante y más paciencia que santo de iglesia.

Mientras él andaba de conquista en conquista, Candelaria iba juntando pruebas. Casimiro creía que era muy astuto, pero ella ya le llevaba tres capítulos de ventaja y hasta tenía listo el final de la novela.

Un buen día, Candelaria se cansó del espectáculo y pidió el divorcio. Casimiro, muy confiado, pensó que ella regresaría llorando. ¡Pero cuál! La mujer salió elegante, distinguida y con lo que le correspondía.

Él, en cambio, terminó con los bolsillos más vacíos que promesa de político y con menos encanto que una calavera sin dientes.

Y aquí viene lo bueno: dicen que algunas de sus conquistas, al enterarse de que ya no tenía dinero, dejaron de encontrarlo tan guapo.

¡Qué cosas! Resulta que el amor era eterno, mientras hubiera para pagar la cena.

Desde entonces, cuentan que en las noches de Día de Muertos aparece una elegante Catrina por las calles de Zaragoza. Algunos aseguran que es Doña Candelaria, que regresa para recordarles a los vivos que una mujer puede perdonar muchas cosas, pero no está obligada a financiar las aventuras de nadie.

Y por ahí también ronda un pobre esqueleto que busca entre las sombras lo que alguna vez tuvo. Dicen que es Casimiro, quien terminó tan arruinado que hasta las malas lenguas aseguran que se quedó sin ningún trapo.

¡Ni sombrero, ni cartera, ni conquistas! ¡Puro hueso y arrepentimiento!

La moraleja

No sigas los pasos de Casimiro, porque el camino está bien marcado. La infidelidad podrá parecer una aventura, pero a veces termina siendo una excursión directa a la ruina.

Y recuerda: no hay sombrero que cubra una mala decisión, ni cartera que compre el amor verdadero.

Esta fantasía pasó por mi mente mientras platicaba con mi cuñada, mirando de frente estas imágenes de Zaragoza. Entre luces, esqueletos y una Catrina que parecía saber más de lo que contaba, nuestra imaginación hizo el resto.

¿Y tú qué crees que le diría Candelaria a Casimiro si se lo encontrara otra vez por las calles del pueblo?

Viajando Juntos · Aprender, sentir, crecer y acompañarnos en el camino.

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