HAY MADRES QUE SE VAN, PERO NUNCA SE SABEN MARCHAR

HAY MADRES QUE SE VAN,
PERO NUNCA SE SABEN MARCHAR

Un Homenaje en tu memoria, madre. 

Calavera dedicada a mi madre, una maestra luchona de Zaragoza, Coahuila

Porque algunas personas no necesitan estar presentes para seguir recorriendo nuestras calles, nuestras historias y nuestro corazón.

Por Zaragoza, Coahuila,
la huesuda fue a buscar
a una maestra muy querida
que no sabía descansar.
Recorría cada rincón,
cada calle y cada hogar,
y en cuanto encontraba a alguien,
se paraba a platicar.

Era maestra de las buenas,
de esas que saben enseñar,
pero más que con los libros,
enseñaba con amar.
Educaba con paciencia,
con cariño y con verdad,
y aunque el día fuera pesado,
no dejaba de luchar.

La Muerte un día llegó
y la vino a visitar:

Ya trabajaste muchos años,
ya te toca descansar.

Mi madre le contestó:

Eso está por comprobar.
Todavía tengo pendientes,
todavía quiero pasear.
Me falta visitar tiendas,
me falta mucho que platicar,
y hay comida en Zaragoza
que me falta saborear.

Pero la flaca era terca
y no la quiso escuchar,
la cargó entre sus brazos
y se la llevó al más allá.

Yo me quedé aquí abajo,
mirando al cielo al suspirar,
pensando que mi madre
ya no iba a regresar.

Pero conozco a mi madre,
y no me cuesta imaginar
que allá donde esté la flaca
también la hizo trabajar.

Seguro recorre las calles
del mismísimo más allá,
y si encuentra alguna tienda
se detiene a preguntar:

¿Qué tienen de nuevo?
¿A cuánto me lo van a dar?

Porque eso de andar de compras
ella nunca lo pudo dejar.

Y si encuentra una vecina
con quién poder conversar,
se le olvida que está muerta
y se pone a platicar.

¿Y cómo están tus hijos?
¿Y qué ha pasado por acá?
¿Ya viste aquella tienda?
¿Y qué van a cocinar?

Así era mi madre,
difícil de olvidar,
porque donde ella llegaba
dejaba algo de su bondad.

Amaba profundamente a México,
su gente y su manera de celebrar,
y en este Día de Muertos
seguro quiere regresar.

Ha de venir muy contenta
por Zaragoza a caminar,
a visitar cada esquina
y sus recuerdos despertar.

Y cuando llegue la comida,
ahí sí no va a perdonar.
Porque si algo disfrutaba
era sentarse a saborear.

Un buen plato, algún antojo,
algo rico para probar,
y después de haber comido
otra tienda para visitar.

Yo creo que anda por aquí,
aunque no la pueda mirar.
Tal vez pasa por mi lado
y no la alcanzo a notar.

Quizá me toca el hombro
cuando me ve trabajar,
y me dice:

Hija, ya descansa.
No te vayas a cansar.

Y yo le contestaría:

Madre, tú me enseñaste
que hay que seguir y luchar,
que, aunque la vida sea difícil
uno no debe abandonar.

Tú fuiste una mujer fuerte,
trabajadora de verdad,
de esas que dejan huella
sin necesidad de presumirla jamás.

Maestra, amiga y compañera,
mujer de gran corazón,
fuiste dejando enseñanzas
en cada conversación.

Y aunque la huesuda
te haya querido llevar,
sé que una mujer como tú
no se sabe quedar quieta jamás.

Yo sé que estás en algún rumbo
que todavía no puedo alcanzar,
pero mientras llega ese día
te voy a seguir recordando igual.

Porque hay madres que se van
pero nunca se saben marchar.

Se quedan en una enseñanza,
en una palabra,
en una costumbre,
en una calle de su ciudad,
en el sabor de una comida,
en una tienda,
en una esquina
y en cada recuerdo que nos hace sonreír al recordar.

Y si la huesuda pregunta
por qué la quiero recordar,
le diré:

Porque fue mi madre,
mi ejemplo y mi hogar.

Una maestra luchona,
trabajadora sin parar,
que amó a su familia,
a su pueblo y a México de verdad.

Así que este Día de Muertos
no la vengo solamente a llorar:

La vengo a buscar entre las calles,
la vengo a imaginar caminando,
la vengo a sentir cerquita
y la vengo a celebrar.

Madre, disfruta tu paseo

Yo sé que por Zaragoza
todavía te gusta andar.

En memoria de una madre, maestra y mujer luchona
que dejó sus pasos en las calles de Zaragoza, Coahuila.

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