Libro Digital
Edición 2026
Capítulo 9
Durante los últimos años he tenido el privilegio de
acompañar a muchos adolescentes que atravesaban un duelo. Cada uno llegó con
una historia distinta, pero todos tenían algo en común: había palabras que
nunca lograban decir.
Algunos hablaban entre lágrimas. Otros respondían con un estoy bien, aunque por dentro se sentían completamente rotos.
Muchos eligieron el silencio porque pensaban que nadie los entendería.
La carta que leerás a continuación no pertenece a un solo
adolescente. Es una carta construida con fragmentos de muchas conversaciones,
de muchos silencios y de muchos corazones que confiaron en mí.
Tal vez no represente a todos los jóvenes, pero sí recoge
sentimientos que he visto repetirse una y otra vez.
Ojalá, al leerla, podamos escuchar no solo las palabras,
sino también aquello que muchas veces permanece en silencio.
Una carta a mis padres
Queridos mamá y papá:
No sé cómo empezar esta carta, tal vez porque ni yo mismo entiendo todo lo que siento desde que esa persona ya no está.
Hay días en los que despierto pensando que todo volverá a
ser como antes, luego recuerdo la realidad y siento un vacío que no sé
explicar.
A veces me enojo por cosas pequeñas y ustedes creen que soy
grosero. Otras veces prefiero encerrarme en mi cuarto y piensan que ya no
quiero estar con ustedes.
La verdad es que ni siquiera sé cómo explicar lo que pasa dentro de mí. Cuando me preguntan si estoy bien, casi siempre respondo que sí, no porque sea cierto, sino porque no encuentro las palabras, porque tengo miedo de que me digan que ya debo superarlo, porque no quiero preocuparlos más, porque siento que nadie entendería lo que estoy viviendo. Hay días en los que extraño tanto a esa persona que quisiera regresar el tiempo, otros días me siento culpable por reír. A veces pienso que, si vuelvo a sonreír, parecerá que ya la olvidé, y no quiero olvidarla, solo quiero que deje de doler tanto.
Sé que ustedes también sufren, los he visto llorar cuando creen que nadie los observa, sé que intentan ser fuertes por mí, pero también necesito que sepan que yo sigo aprendiendo a vivir con esta ausencia.
No me comparen con mis hermanos, con mis amigos o con otros jóvenes. Cada quien vive el dolor de manera diferente, no me digan que "le eche ganas", si supiera cómo hacerlo, créanme que ya lo habría hecho, no me obliguen a hablar cuando no puedo, pero tampoco dejen de preguntarme cómo estoy, a veces necesito silencio, otras veces necesito que me abracen, aunque les diga que no, a veces solo quiero que se sienten conmigo sin decir nada. No siempre necesito respuestas, necesito sentir que no estoy solo.
Si mis calificaciones bajan, no piensen inmediatamente que soy flojo, tal vez estoy luchando una batalla que ustedes no alcanzan a ver.
Si me enojo con facilidad, no significa que haya dejado de quererlos, muchas veces el enojo solo es la forma que encontró mi tristeza para salir.
Si me ven sonreír otra vez, no piensen que olvidé, el amor no desaparece cuando deja de doler. Solo aprende a vivir de otra manera.
Mamá...
Papá...
Gracias por seguir aquí.
No espero que sean perfectos.
No espero que tengan todas las respuestas.
Solo les pido que caminen a mi lado.
Que tengan paciencia cuando yo no la tenga.
Que crean en mí incluso cuando yo deje de creer en mí.
Y que nunca olviden que, aunque muchas veces guarde silencio, también necesito que me escuchen, con amor.
Atentamente
Un adolescente que un día necesitó ser escuchado.
Mientras escribía esta carta comprendí que el duelo
adolescente rara vez se presenta de la forma en que los adultos esperan. Muchas
veces no habla con palabras; se manifiesta en silencios, cambios de conducta,
enojo, aislamiento o una aparente indiferencia que, en realidad, es una manera
de protegerse.
Si eres padre, madre, docente o un adulto, deseo que esta carta te recuerde que detrás de cada conducta puede haber un corazón que sigue intentando comprender su pérdida.
Porque, cuando el corazón necesita tiempo, el regalo más
valioso que un adolescente puede recibir es sentirse escuchado, comprendido y
amado, incluso en sus días más difíciles.
🦋 Autora
Diana Engracia García Tobías
Libro Digital Cuando el corazón necesita tiempo
Educación | Tanatología | Acompañamiento Socioemocional
García Tobías, D. E. (2026). Una carta a mis padres Libro Digital Cuando el corazón necesita tiempo, Edición 2026.
Cuando el corazón necesita tiempo