Hoy mi mente no calla
No puedo salvarte
Hoy
grita en silencio, porque hay dolores que no se pueden explicar, solo sentir.
Hoy me enfrento a una de esas realidades que parten el alma: querer ayudar a
alguien que amo profundamente, y no poder.
He estado ahí, intentando
acercarme, buscando ayuda, tocando puertas, creyendo que con amor sería
suficiente. Pero hay batallas que no se ganan desde afuera, porque la otra
persona no está lista, porque su mente habita en otra verdad, porque su dolor
es tan grande que ni siquiera alcanza a reconocerse.
Y entonces llega ese momento
tan difícil de aceptar: no es que no quiera ayudar, es que no me deja hacerlo.
Y quedarme insistiendo también me rompe, también me desgasta, también me
pierde.
Hoy entiendo que amar no
siempre es salvar. Que amar también es soltar un poco, es poner límites, es
cuidar de uno mismo para no caer junto con el otro. Y eso duele, duele mucho.
A quienes están pasando por
algo similar, a quienes aman a alguien que se está perdiendo entre su dolor,
entre adicciones, entre pensamientos que los alejan de la realidad, quiero
decirles que no están solos en esta impotencia. No es falta de amor. No es
abandono. Es reconocer hasta dónde sí podemos llegar.
Porque hay decisiones que no
nos corresponden, hay procesos que no podemos forzar, y hay heridas que solo la
persona puede decidir empezar a sanar.
Y a quienes están cerca de
alguien así, no juzguen, no señalen, no digan. A veces,
lo más valiente que alguien puede hacer es quedarse cerca sin destruirse en el
intento.
Amar también es cuidar el
propio corazón. Amar también es entender que no podemos salvar a todos, pero sí
podemos elegir no perdernos a nosotros mismos.
Hoy mi mente no calla… pero mi
alma aprende, aunque duela, que hay amores que acompañan, incluso desde la
distancia.
