Mi mente no calla
Gracias Dios, por las amistades
Hoy Dios, me detengo ante Ti, hago una pausa consciente para agradecerte por cada persona que, en algún momento de mi vida, caminó conmigo.
Gracias por esas amigas que llegaron como regalo,
por las que dejaron enseñanzas,
por los momentos de amor, de risa, de felicidad compartida,
y también por las circunstancias que nos llevaron a cambiar de rumbo.
Algunas amistades permanecen, otras se transforman y continúan a la distancia, a través de un mensaje, una llamada, un recuerdo que aparece sin aviso.
Y hay otras que, simplemente, desaparecen, no por falta de amor, sino porque la vida así lo fue marcando.
Por todas ellas, Dios, gracias.
Gracias por permitirme vivir momentos únicos, por ayudarme a recopilar recuerdos que hoy abrazo con gratitud.
Hoy comprendo que no todas las amistades están hechas para durar toda la vida.
Algunas cumplen su misión y se despiden.
Y he aprendido que, en ciertos casos, continuar puede no ser saludable.
Me quedo con lo bello que vivimos, suelto antes de dañar, y sigo mi camino sin cargar culpas, rencores ni pesos innecesarios.
He aprendido que todos somos distintos, que tenemos metas, procesos y necesidades diferentes, y que desde ahí se construyen y también se cierran las relaciones.
Algunos dirán que eso no es amistad.
Yo digo que simplemente llegó a su fin.
Y que quedarme con lo mejor también es una forma de amor.
Soltar a tiempo es un acto de madurez.
Es elegir la paz.
Es honrar lo vivido y permitir que la vida continúe.
Gracias Dios,
por las amistades que fueron,
por las que son,
y por las que vendrán.
Porque la vida sigue y hay que seguir construyendo.
