Mi mente no calla
Hoy piensa en dos países: Estados Unidos y Venezuela. Dos discursos, dos poderes, dos formas de mirar la realidad. Y en medio, millones de personas tratando de sobrevivir.
Muchos de nosotros no hablamos de Venezuela por noticias, hablamos por rostros. Porque han llegado hasta nuestro país pidiendo refugio, cargando hijos, recuerdos y miedo. Hemos visto cómo atraviesan selvas, ríos y fronteras buscando una sola cosa: una posibilidad de vida.
Muchos se han quedado en el camino. Otros han seguido hasta Estados Unidos, no porque crean que es fácil, sino porque saben que nada puede ser peor que seguir viviendo donde ya no existe futuro.
No se trata de a quién darle la razón. Se trata de a quién no dejar solo.
Lo injustificable no es un país u otro. Lo injustificable es la crueldad y hacernos los que no la vemos porque sucede en otro lugar.
México, tierra de migrantes y de refugio, sabe lo que es huir para salvar la vida.
No es aplaudir gobiernos. Es aplaudir la posibilidad de que un pueblo vuelva a vivir sin miedo.
Desde donde me encuentro, envío un abrazo a cada familia venezolana. Que llegue el día en que ya no tengan que huir, que puedan volver a reunirse sin miedo y que el sufrimiento, por fin, deje de ser su forma de vivir.
— Mi mente no calla
