Mi mente no calla - Cuando el miedo se disfraza de enojo



 

MI MENTE NO CALLA

Cuando el miedo se disfraza de enojo

Un día mi hija me dijo algo que me partió el alma:

Mami… es que yo te tengo mucho miedo

Y yo, que creía estar haciéndolo todo bien.

Yo, que pensaba ser su lugar seguro.

Yo, que estaba convencida de que era la figura número uno para que me confiara su vida.

Me di cuenta de que, sin querer, me había convertido en algo que ella temía.

Yo era tajante, me enojaba con facilidad, le gritaba cuando quería hacer algo que yo consideraba peligroso, y por dentro pensaba:



“Lo hago porque la amo, porque quiero protegerla”

Pero ella solo veía rabia, no veía mi miedo.

Mi hija, como toda adolescente, quería probar, experimentar, pertenecer.

Quería hacer cosas nuevas, algunas por moda, otras por curiosidad, otras por sentirse parte del grupo, y cada vez que lo hacía, a mí me entraba una rabia que no sabía de dónde venía.

Hoy lo entiendo.

No era rabia.

Era terror.

Terror de que algo le pasara.

Terror de que una decisión impulsiva la marcara para siempre.

Terror de no poder protegerla del mundo.

Pero como no tenía las palabras para decir:

“Tengo miedo de perderte”

“Me asusta que algo te lastime”

“No sé cómo cuidarte sin invadirte”

Lo que salía era un grito, un enojo, una orden.

Y eso, en vez de acercarla, la alejaba.

Reflexión para madres y padres

A veces no somos padres enojados.

Somos padres asustados.

Pero cuando no sabemos leer nuestras propias emociones,

las descargamos en quienes más amamos.

Por eso, antes de decirle no a un hijo,

es importante tomar un buche de calma.

Respirar.

Preguntarnos:

¿Lo que siento es coraje… o es miedo?

¿Estoy reaccionando o estoy guiando?

Nuestros hijos no necesitan solo límites.

Necesitan explicaciones.

No basta con:

Porque yo soy tu mamá.

Porque yo lo digo.

Ellos necesitan saber:

Te digo que no porque esto puede traer consecuencias

Porque hay riesgos que no se pueden deshacer

Porque hay decisiones que cambian una vida

Cuando les explicamos el por qué, les estamos enseñando a pensar, a cuidarse, a elegir mejor incluso cuando no estemos.

Amar también es aprender a hablar desde el miedo con ternura y no desde el miedo con gritos.

Porque cuando un hijo entiende, ya no obedece por temor, sino por conciencia.

 

Tal vez te interesen estas entradas

No hay comentarios