Revista Digital
Edición No. 1 ·
2026
Articulo 5
Cuando
el corazón necesita tiempo
Cuando una familia enfrenta la
pérdida de un ser querido, la atención suele dirigirse hacia los adultos. Se
acompaña a la esposa, al esposo, a los padres o a los abuelos. Se organizan los
trámites, llegan las visitas y todos intentan salir adelante.
En medio de todo eso, muchas
veces el adolescente queda en un segundo plano.
No porque no importe, sino
porque existe la idea de que, por su edad, entenderá la situación, se adaptará
rápido o simplemente "ya se le pasará". Sin embargo, la realidad es
distinta.
Los adolescentes también viven
el duelo. También sienten miedo, tristeza, enojo, culpa, incertidumbre y vacío.
La diferencia es que muchas veces no saben cómo expresar lo que sienten o lo
hacen de formas que los adultos interpretan como rebeldía, desinterés o mala
actitud.
Mitos que invisibilizan el
dolor de los adolescentes
Existen creencias que, aunque
parecen inofensivas, pueden hacer que un joven viva su duelo en soledad.
·
Está muy joven, ni entiende lo que pasó.
La edad no impide sentir una
pérdida. Quizá un adolescente no comprenda la muerte de la misma manera que un
adulto, pero sí entiende la ausencia, el cambio de rutina, el silencio en casa
y el vacío que deja la persona que ya no está.
·
Ellos pueden con todo y lo olvidan rápido.
La adolescencia no hace a
nadie más fuerte frente al dolor, al contrario, es una etapa en la que se están
formando la identidad, la autoestima y la manera de enfrentar los problemas.
Una pérdida importante puede convertirse en una experiencia muy difícil de
procesar.
·
Solo quiere llamar la atención.
No siempre.Hay adolescentes
que comienzan a bajar su rendimiento escolar, otros se aíslan, algunos se
muestran irritables y otros aparentan que no pasa nada.
Detrás de esas conductas puede
existir una emoción que todavía no saben nombrar.
Pedir
ayuda no siempre se hace con palabras.
A
veces se hace con silencio.
·
Ni convivía tanto con esa persona.
El vínculo no se mide por la
cantidad de tiempo compartido. Un abuelo que contaba historias, una tía que
escuchaba sin juzgar, un hermano mayor, un amigo o incluso una mascota pueden
representar una figura profundamente significativa.
Nadie
puede decidir cuánto debería doler una pérdida.
·
Solo quiere darme problemas.
Cuando un adolescente cambia
de conducta después de una pérdida, es importante preguntarnos antes de juzgar.
¿Qué
está intentando expresar?
Muchas veces el problema no es la conducta,
sino el dolor que existe detrás de ella.
Cada adolescente vive el duelo
de manera diferente
No existe una forma correcta
de vivir una pérdida.
Algunos
lloran con facilidad.
Otros
prefieren guardar silencio.
Hay
quienes hablan constantemente de la persona que falleció y quienes evitan
mencionar su nombre durante mucho tiempo.
Algunos
buscan compañía.
Otros
necesitan momentos de soledad.
Ninguna de estas respuestas
significa que sientan más o menos, simplemente cada persona enfrenta el dolor
con los recursos emocionales que tiene en ese momento.
Cuando el silencio se confunde
con indiferencia
Uno de los errores más
frecuentes es pensar que, si un adolescente no llora, entonces no le duele. Muchos
jóvenes crecieron escuchando frases como:
No
llores.
Tienes
que ser fuerte.
Ya
pasó.
No
hagas sufrir más a tu mamá.
Ahora
debes cuidar a tus hermanos.
Con el tiempo aprenden a
guardar sus emociones para no preocupar a los demás. El problema es que las
emociones que no se expresan no desaparecen.
Se transforman en ansiedad,
enojo, aislamiento, culpa, bajo rendimiento escolar o dificultad para
relacionarse con otras personas.
Lo que un adolescente
realmente necesita
No
necesita que alguien le diga cómo debe sentirse.
Necesita
saber que tiene permiso para sentir.
Necesita
que alguien le pregunte cómo está y tenga la paciencia para escuchar la
respuesta.
Necesita
un abrazo cuando las palabras no alcanzan.
Necesita
saber que no está solo.
Y,
sobre todo, necesita sentir que su dolor también es importante.
Darles un lugar dentro del
duelo
Cuando una familia pierde a
alguien, todos necesitan ser vistos. También los adolescentes. Incluirlos en
las conversaciones, permitirles despedirse, preguntarles qué necesitan,
respetar sus tiempos y ofrecerles un espacio seguro para hablar puede hacer una
gran diferencia en la forma en que vivirán ese proceso.
A veces creemos que
protegerlos es evitar que sufran, pero proteger no significa esconder el dolor,
significa acompañarlos mientras aprenden a atravesarlo, porque ellos también
pierden, ellos también extrañan, ellos también necesitan tiempo. Y, aunque
muchas veces no lo digan, también necesitan que alguien los mire y los acompañe,
permanecer cerca con amor, paciencia y respeto, hasta que el corazón encuentre,
poco a poco, una nueva forma de seguir adelante.
👨🏫 Un mensaje para los docentes
Un docente no puede sustituir a una familia, pero sí puede convertirse en el adulto que haga la diferencia en la vida de un adolescente.
Un saludo sincero, una conversación, un ¿cómo has estado?, la paciencia para comprender un cambio de conducta o la disposición para escuchar pueden ser el primer paso para que un estudiante deje de sentirse solo.
A veces, acompañar no significa tener todas las respuestas. Significa estar presente, mirar más allá de las calificaciones o de la conducta y recordar que, detrás de cada alumno, puede haber una historia que necesita ser escuchada.
Diana Engracia García Tobías
Directora Editorial
Revista Digital Cuando el corazón necesita tiempo
Educación | Tanatología | Acompañamiento Socioemocional
García Tobías, D. E. (2026). También les duele: el dolor que muchas veces nadie ve Revista Digital Cuando el corazón necesita tiempo, Edición No. 1.
