Mi mente no calla - Cuando el dolor no tiene nombre

 Cuando el dolor no tiene nombre

Mi Mente No Calla

Reflexiones sobre el dolor ambiguo

la violencia y la esperanza de transformar desde el amor


"Hay días en los que mi mente no calla"

No porque algo me haya ocurrido directamente. No porque haya perdido a alguien cercano. No porque mi vida esté derrumbándose.

Mi mente no calla porque abro las noticias y encuentro historias de secuestros, desapariciones, violencia y sufrimiento. Porque escucho a madres buscando a sus hijos. Porque veo familias esperando respuestas que tal vez nunca lleguen.

¿Qué es el dolor ambiguo?

La tanatología nos habla de un dolor distinto. Un sufrimiento que nace cuando no existen respuestas claras, cuando la incertidumbre se instala en la vida de las personas y cuando una sociedad entera aprende a convivir con preguntas que nadie puede responder.

¿Dónde está?
¿Qué pasó?
¿Por qué?

La pregunta que duele

A veces me pregunto qué ocurre en el corazón de quienes provocan este dolor.

¿Qué historia los formó?
¿Qué heridas nunca fueron atendidas?
¿Qué vacío se convirtió en odio?
¿Qué momento de sus vidas les hizo creer que dañar a otros era un camino posible?

No lo sé.

Y aunque comprender el origen de una conducta puede ayudarnos a entenderla, nunca debe convertirse en una justificación.

Porque...

  • El dolor vivido no da permiso para provocar dolor.
  • Haber sido herido no autoriza a herir.
  • Todos enfrentamos nuestras propias batallas.
  • Cada día elegimos quién queremos ser.

¿Qué podemos hacer desde nuestros espacios?

Tal vez no podamos cambiar el mundo entero. Pero sí podemos cambiar el mundo de alguien.

  • Educar con amor.
  • Escuchar a nuestros hijos.
  • Enseñar empatía.
  • Dejar de normalizar la violencia.
  • Promover el respeto.
  • Construir comunidades más humanas.

Cada palabra amable es una semilla. Cada acto de respeto es una semilla. Cada abrazo sincero es una semilla.

Tal vez no veamos el resultado inmediato, pero toda semilla de amor tiene el potencial de transformar una vida.

No siempre podemos detener la maldad del mundo, pero sí podemos decidir qué sembramos cada día. Y toda semilla de amor tiene el poder de romper un ciclo de dolor.

Mi mente no calla

Diana Engracia

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